Cada partícula quemaba como arden las brasas del infierno.
Finalmente para apasiguar el ardor
una copiosa lluvia cayó sin tregua.
De exceso en exceso...
de luna a luna...
los habitantes del lugar suplicaron un resuello.
Las aguas se convirtieron en una laguna oscura
teñidas del color de las almas, de los que ahí moraban.
Las aguas quietas y cenagosas dieron lugar a una flor.
Creció pétalo a pétalo
con raíces profundas
aromática, blanca, pura
una flor de loto apareció.
Sobre ella sus habitantes navegaron como en un arca.
Rocío L
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