jueves, 6 de febrero de 2014

La lluvia para apagar el fuego

En esta parte del planeta el fuego cubrió la tierra sin pausa.
Cada partícula  quemaba como arden las brasas del infierno.
Finalmente para apasiguar el ardor
una  copiosa lluvia cayó sin tregua.
De exceso  en exceso...
de luna a luna...
los habitantes del lugar suplicaron un resuello.
Las aguas se convirtieron en una laguna oscura
teñidas del color de las almas,  de los que ahí moraban.
Las aguas quietas y cenagosas dieron lugar a una flor.
Creció pétalo a pétalo
con raíces profundas
aromática, blanca, pura
una flor de loto apareció.
Sobre ella sus habitantes navegaron como en un arca.

Una nueva humanidad de gestó.
Rocío L






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