El compromiso de la palabra, el sostener lo que se dice, ¿ dónde quedó?, porque no se responde al llamado de auxilio del otro, cuando se está en el abismo, en la soledad angustiante, que aparece como un ente devorador.
Volver al primer escalón, comunicarse, entenderse, interactuar, construir...
Todos somos diferentes y no todos podemos comunicarnos, hay colores que combinan, sonidos que armonizan y otros que generan ruido y malestar.
Lo sagrado está presente, el respeto y la claridad son parte de los vínculos pero no se da en todas las interacciones.
Poder construir en esa frontera latente, expandible donde la vida se retroalimenta y se puede seguir el camino.
No todos podemos mirarnos y saber, ahí lo sagrado de la vida y el respeto por lo que se ve, en silencio.
Los estados de conciencia en donde la vida aparece como arcilla para modelar, sacar las asperezas, darle forma recuperar la humanidad latente, es lo que estamos dejando pasar.
Estamos descartando lo sagrado de la vida, y nos estamos convirtiendo en pequeños seres compartimentados, habitantes de cápsulas impermeables. Pequeños seres sordos, ciegos y mudos, autómatas, robots.
Luchamos en las movilizaciones por lo que creemos justo, colectivamente y luego en el día a día nos damos la espalda.
Un domingo para pensar a orillas de la laguna sagrada, Rocío está. Reflexionando
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